POESIA

Siete palabras de Cristo en la cruz

1.- “Padre, perdónalos porque
no saben lo que hacen”

Condenado y humillado,
es el Cristo sentenciado;
muerte cruenta en una cruz
sin poder velar su Luz.

Y del odio tan lejano
con Grandeza y todo amor
de sus labios el perdón
a su Padre ya reclama.

“No castigues mis verdugos
que no saben de tu ley;
antes tenles uno a uno
en el seno de tu grey.

2.- “En verdad, hoy estarás
conmigo en el Paraíso”

Porque Dios así lo quiso,
¡ah!, ladrón de mis pecados;
es tu sitio el Paraíso;…
has ganado tu perdón.

Antes de Dios el decreto,
floreció tu compasión,
la que encierra el gran secreto
de esta noble redención.

3.- “Madre, he ahí a tu Hijo;
Hijo, he ahí a tu Madre”.

Nunca hubo en este mundo
más amor, ni más sincero
que la madre por el hijo,
y del hijo por su madre.

Es compendio de virtudes
en amores terrenales,
los tesoros maternales
y los ímpetus filiales.

Y es tu amor tan infinito
que no admite la congoja
de una Madre desgarrada
por la cruz de todo hijo.

4. “¡Dios mío! ¡Dios mío!
¿Por qué me has abandonado?

Llega en volandas mi duda:
de este vaso la amargura
que me aleja de lisura…
¿he de beber en soledad?

Mas cumpliendo tu Mandato,
me confieso confundido;
y adherido a este madero,
sin gemir tomo el mal rato.

5. “Sed tengo”.

A tu cuerpo lacerado
le han privado, desdichados,
de unas gotas, humillado;
la han trocado, y con medida, de hiel.

Y es en cambio tu doctrina
una fuente inagotable
que en saciar la sed eterna
de los Hombres se complace.

Pues de ella fluye y mana
en torrentes incesantes
más vital aún que el agua:
tu Amor y dulzura constantes.

6.- “Todo está consumado”.

Va cerrándose la herida
que supura desde antaño;
va volviéndose mentira
de la culpa original el daño.

Tu designio se ha cumplido
hasta el último renglón
como prenda, Padre mío,
del Amor y tu Perdón.

7.- “Padre, en tus manos
Encomiendo mi espíritu”.

No quedaron ya más fuerzas;
¡Ay!, mi Cristo… ¡Ay!, Jesús
Hoy tus manos, antes tersas,
se han crispado ya sin luz.

Ya la muerte te ha alcanzado;
el calor te abandonó…
ni el pudor te han respetado
y en los dados… tu manto se perdió.

¡Permite a mi conciencia
descenderte de esa Cruz!
que te tengo como ciencia
y no pido más clemencia…
¡que ser Hijo de tu Luz!

Cristo Crucificado. Óleo de Diego Velázquez (1599-1660), Museo del Prado. Detalle.

Cristo Crucificado. Óleo de Diego Velázquez (1599-1660), Museo del Prado. Detalle.

 

Jesús Consuelo Tamayo

Estudió la carrera de música en el Conservatorio Las Rosas, en Morelia. Ejerce la docencia desde 1980 Dirigió el Coro de Cámara Aguascalientes desde 1982, hasta su disolución, el año 2003. Fue Coordinador de la Escuela Profesional Vespertina, del Centro de Estudios musicales Manuel M. Ponce de 1988 a 1990. Ha compuesto piezas musicales, y realizado innumerables arreglos corales e instrumentales. Ha escrito los siguientes libros: Reflejos, poesía (2000); Poesía Concertante, (2001); Guillotinas, poesía (2002); A lápiz, poesía (2004); Renuevos de sombra, poesía (inédito); Detective por error y otro cuentos (2005); Más cuentos (inédito); Bernardo a través del espejo, teatro (2006); Tarde de toros, poesía (2013).

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