CULTURA

Burnout (El síndrome del consumista quemado)

Y a esto le llaman falta de motivación, y a esto le llaman que has perdido el rumbo; la culpa es tuya, más te vale no ser un quejoso que lance maldiciones al sistema justo que reparte a cada quien lo que merece, ese es un resentido… Click To Tweet

 

Recetas para la felicidad

 

El trabajo ordinario rompía la alegría de cualquier hombre proletario sin capital, la luz en sus ojos;  casi la totalidad de las formas de trabajo eran tan burdas y agobiantes, el ambiente resultaba absurdamente gris; asfixiante, el ritmo era insostenible, entregar tu tiempo de  vida a cambio de comer ocasionalmente, viajar en autobús, contar centavos a fin de mes.

Los hombres  libres y honrados  obedecen las reglas para que no impere el caos;  a todos los hombres de bien se nos entregaron estos valores, y todos nos decíamos hombres libres;  como si no deprendiera el concepto libertad de los bienes acumulados que tengas, como si no dependiera  tu libertad del dinero que tengas en la cuenta; como si no importara la familia en la que naciste, como si la monarquía no hubiera mutado en la herencia otorgada de empresarios  exitosos a sus herederos.

Tener un poco de capital para la mayoría ya era un sinónimo de éxito, nadie dudaba de la crueldad que significa ser pobre y no comer, no festejar la navidad ni el nuevo año, aunque el  día dos de Enero vuelvas al ciclo infernal de la vida cotidiana.

Quien no encuentre la forma de vender productos, de venderse a sí mismo, de explotar a alguien más;  existen diversas formas para que la fuerza de trabajo de otro nos deje un ingreso, seguramente es un perdedor sin remedio, ha perdido el rumbo, debe morir para no estorbar.

Quien se sienta completamente consumido por el sistema, es bienvenido junto a mí al infierno. Podemos conversar mientras la vida nos pasa por encima y nos olvida en su océano de indiferencia colectiva, podemos conversar mientras el mundo tiene prisa para sobrevivir, acumular, consumir, trabajar, esforzarse, merecer más;   y nosotros mientras tanto archivamos papeles importantes para no perder el tiempo, mientras les estorbamos a los demás ganadores; podemos hablar de lo que nos alcanzó para comprar este año, podemos darnos nuevos regalos en los que se nos fue nuestro tiempo de vida, podemos tomar el día de descanso que benevolentemente nos da el sistema para alegrarnos por una noche y sentir la misma resaca al siguiente día.

Y a esto le llaman falta de motivación, y a esto le llaman que has perdido el rumbo; la culpa es tuya, más te vale no ser un quejoso que lance maldiciones al sistema justo que reparte a cada quien lo que merece, ese es un resentido perdedor. En este círculo del infierno  hemos caído los que no supimos entender que todo se trataba de acumular, y sacar la mayor renta posible después a lo que hemos almacenado, y a las relaciones humanas que tengamos, este círculo del infierno capitalista es para los que derrochan por pensar que el presente es la vida, los que gastan sin pensar lo que consumieron.

La inspiración tenía que estar casada con las ventas, el buen escritor  también; no eras nadie si no publicabas en las grandes editoriales, si no eras el respetado representante de alguna universidad; si  el gremio de sabios autorizados no te otorgaba aplausos y un papel para hablar a nombre de la sabiduría.

Solo los grandes proveedores merecen mandar a los demás, solo los que han recibido un pago elevado por cada hora invertida pueden disfrutar; para una medición tan subjetiva de cada bípedo,  la cuenta de banco debe estar en números positivos, debe fluir efectivo los días de fiesta colectiva como la navidad ¿Quién va a acompañar a los pobres en navidad? Solo la gente que trabajó debe disfrutar.

Los buenos padres no son pobres, los buenos hijos deben tener la bolsa llena para el invierno; la necesidad nunca debe ser tu carta de presentación, es atroz tener solo pensamientos que regalar, la sociedad no quiere pensadores, quiere hombres de acción, los hijos quieren regalos, no una cena con poca comida en donde les cuenten relatos antiguos, los viciosos quieren finos alcoholes, los invitados deben usar sus mejores prendas, nadie debe demostrar pobreza ni ahorrar sus miserables ganancias los finales de año.

Disfrutar es sinónimo de consumir sin obedecer; nadie disfruta obedeciendo todas las horas de su vida a su circunstancia, a los mandatos del capital,  al patrón amable que te deja festejar siete días al año, no hay conversación posible sobre la tolerancia respecto a esto.

Si  quieres no salir de tu cama  los días de frío, si quieres comer en las mañanas, si quieres atención médica, si no quieres una ola de reclamos por ser  miserable, si no quieres unas lecciones de motivación pagadas, si no quieres reclamos mordaces a fin de año, si no quieres discursos sobre tu necedad y tu tristeza. Inténtalo, sigue su receta para la felicidad, se prudente; sigue todos los consejos sabios que te dan. No te quejes más, eres afortunado por comer y trabajar, muchos ni siquiera pueden  festejar, seguramente los que están próximos a morir son unos débiles donnadies.

Recuerda que auto explotarse solo  sirve si triunfas obteniendo capital, no existe otra versión del éxito, otra manera. Te odiarán todos los que te rodean si no consigues triunfar, serás un estorbo, un parásito, un soñador, un idealista, alguien que nunca supo ganar, un resentido comunista, un idiota que solo quiere la vida fácil, alguien que no entendió el sentido de la vida, un sujeto quemado, carente de positividad, no digno de admiración, alguien lejos del secreto  del deseo encaminado, alguien que no tiene energía positiva, alguien tóxico, y tu soledad aunque nunca llegues a entenderlo así, quizás sea el mejor obsequio, la evidencia de un espíritu excelente como Schopenhauer decía.

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Alejandro Marengo Pérez Duarte

Mendigo de sueños, distópico, surrealista.   La enajeción desiderativa a la mercancía dinero, se paga siempre con libertad.

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