EN EL DIVAN

Apuntes sobre Houellebecq y el pesimismo actual

se da cuenta de las pesadillas cotidianas del hombre de izquierda que desayuna en un palacio. Remata diciendo que la izquierda actual solo sueña con un tipo extraño de liberalism Click To Tweet

 

Definir es limitar: Houellebecq

 

Definir es limitar;  pero este autor no solo define, diagnostica, se anticipa con el desencanto más lúcido a lo que vendrá, pareciera pensar desde el lugar más abstracto y desencantado del universo. Todo lo que escribiré son mis apuntes de su conferencia en Buenos Aires; los escribí fumando cigarrillos y bebiendo café desde mi ordenador  en honor al brillante escritor, y a su capacidad de hacerme entender este caos llamado realidad que me cuesta digerir, interpretar:

-Occidente está fatigado, mullido, temeroso-. La decadencia de Occidente, la resume en este inmenso verso:

Tocqueville en 1840, en la segunda parte de su democracia en América dice:

Si quiero imaginar bajo que nueva apariencia podría reproducirse el despotismo en el mundo. Veo una multitud innumerable de hombres semejantes e iguales que giran sobre sí mismos sin descanso para procurarse pequeños y vulgares placeres con los que calman su alma. Cada uno de ellos  echado al mar es como un extraño para el destino de los demás. Para él, sus hijos y sus amigos particulares forman toda la especie humana. En cuanto al resto de sus conciudadanos, están a su lado, pero no los ve, los toca pero no los siente. No existe más que en sí mismo, y si bien todavía le queda familia como mínimo se puede decirse que ya no tiene patria.

Por encima de esto se alza un poder inmenso y tutelar que se encarga solo de asegurar sus placeres y vigilar su suerte. Es absoluto, minucioso, regular, previsor y benigno; se parecería al poder paternal si, al igual que este, tuviese por objeto preparar a los hombres para la edad viril, pero, por el contrario, no intenta más que fijarlos irrevocablemente en la infancia. Quiere que los ciudadanos disfruten con tal que solo piensen en disfrutar. Trabaja de buena gana para la felicidad de ellos pero quiere ser su solo agente y único árbitro, asume su seguridad, es previsor  y asegura sus necesidades, facilita sus placeres, dirige sus principales asuntos, gobierna su industria, regula sucesiones, divide sus herencias. No podía privarlos por completo de la dificultad de pensar y de la pena de vivir.”

Después de decir estas líneas de talento inigualable, remata diciendo: -Este pasaje contiene casi toda mi obra escrita en pocas palabras.- Como lector de la obra de Lacan; también da cuenta de porqué el autor entiende  la obra del anterior como: un conjunto de fórmulas misteriosas y vacías, una verborragia pseudopoética. Nunca encontró un sentido a lo que escribió la crema y nata de la intelectualidad francesa en el siglo XX.

No entiende la admiración de franceses y anglosajones por las: “French theories”. Es decir, le resultan desagradables los autores como: Derrida, Deleuze, Lacan; por decir rimbombantemente teorías que llevan a callejones sin salida. Y después de leer el estilo que gusta a Houellebecq; podría afirmar que Tocqueville explica mucho mejor lo que imagino quería decir Lacan con los conceptos rebuscados de: “declinación de la metáfora paterna.”

-Los intelectuales actuales son observadores que comentan los eventos sociales pero no son filósofos ni científicos.-  Si Sartre y Camus se ostentaban como filósofos sin hacer una teoría del conocimiento como Kant, es decir; los últimos dos sabían muy poco de ciencia; se centraban en hablar del desencanto, existe un señalamiento de Houellebecq sobre la petulancia de la intelectualidad francesa del siglo XX.

“Cuando uno escribe páginas y páginas sin sentido, ni conocimiento de la ciencia, uno es un idiota.” Un autor lapidario, duro, breve; pero los adjetivos anteriores no le roban la razón, su capacidad para encontrar lo mal oliente de la época no tiene parangón.

Haciendo honor a la brevedad; quisiera además recordar cómo se adelantó a nuestros tiempos políticamente correctos y enajenados. Nos habla en la misma conferencia sobre la caída del discurso de la izquierda mundial, con precisión parte de un acontecimiento.

La publicación de: “El Archipiélago Del Gulag” acaecido en 1974. Este libro lo cita como el suceso que causo la implosión de la ideología comunista. A partir de este momento; inició la mutación al populismo. Aquello que designaba las opiniones populares de las cuales había que desconfiar.

En 2005 en Francia; (referéndum sobre el tratado  Lisboa); lo anuncia como la aparición del lenguaje de las “elites” en contra de “la voz popular.” – Existe un odio entre el proletariado y las elites que califican al mismo como ignorante, idiota, nauseabundo.-

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Y desde esta fecha insiste que en Francia el nivel de los insultos no dejó de aumentar. Subrayo que Houellebecq no se define como un hombre de izquierda, al contrario; denuncia que durante el siglo XX casi todos los intelectuales se consideraban de izquierda.

Pero no queda aquí la crisis de la interpretación de la ideología posmoderna. –La izquierda está en un estado de pánico total, y cuando a los animales se les acorrala, se ponen malos y peligrosos.- Se da cuenta de la caída lógica de las promesas de izquierda, de este bienestar que jamás se reparte, de estos medios de producción que siempre son de alguien, de una riqueza que nunca se genera para el proletariado; ergo, se da cuenta de las pesadillas cotidianas del hombre de izquierda que desayuna en un palacio. Remata diciendo que la izquierda actual solo sueña con un tipo extraño de liberalismo económico.

 

Conclusión

 

Esto nos lleva a un punto de inflexión, si ponemos atención a las dos categorías de Houellebecq sobre los políticos posmodernos; llegaremos a esto:

1) Nuevos reaccionarios.- Desconfían en la democracia parlamentaria, (la representación democrática no existe por la influencia de las elites.)
2) Nuevos progresistas.- Dicen que esta época es superior a la que nos precedió y creen que la innovación de las técnicas científicas nos van a hacer estar mejor.

El transhumanismo; el motivo de sus novelas, trata de ser un profeta del mediano plazo. Humanos que son rebasados por la tecnología, enajenados por la misma, reducidos a mercancías, con deseos programados, cuantificados, ordenados, una sociedad que hasta para lo instintivo tiene una forma de mercado.

Con toda la sinceridad nos señala que al aniquilar la prostitución, Europa inicia la decadencia; ve al mismo matrimonio como una especie de prostitución, podría extrapolar como todos somos prostitutas del mercado, vendiéndonos al mejor postor, cambiando de valores, de hábitos con tal de tener la mercancía del dinero. Negar la prostitución, es negar el carácter íntimo del capitalismo.

Por si fuera poco, confiesa que los Occidentales blandos, ya no defendemos nada más allá de nuestra comodidad, -lucharemos como leones por nuestros sándwiches de jamón y las minifaldas.-Citaba lo anterior mientras explica por qué solo un cruzado podría combatir a un Yihadista cuyo fin sea esparcir el terror. Nos habla de las consecuencias del reblandecimiento del Occidental, de sus luchas de sillón.

Es completamente explicable el surgimiento de movimientos que encabezados por un solo caudillo iluminado; es decir, la fe sufre un movimiento; de la religión a conceptos como: transformación, justicia social, equidad, incorruptibilidad. Es lógico, pero sigue esta nueva forma de religiosidad sin parecerse a la de los antiguos cruzados, el religioso posmoderno apela a ideales que el mismo capitalismo imperante destrozará. En el momento en el que algún bípedo quiere estar en mejor posición social que otro, en el momento en el que otro bípedo afirma que su trabajo vale más que el de otro, en el instante que la explotación de clase nunca termina para que unos cuantos vivan con más abundancia que otros, en ese momento la religión posmoderna de la igualdad genera miles de ateos por segundo.

El paraíso terrenal que quiere la izquierda posmoderna pareciera no ser factible en este planeta; basta leer a líderes populistas justificando los lujos a los que acceden, tratando de parecer como cualquier ciudadano, o alegando que los poderosos siempre si deben vivir en palacios.

Houellebecq nos habla del gran Pascal, una frase que dice demasiado en pocas palabras:

“El hombre inspirado por la fe es capaz del heroísmo y de las peores crueldades. El ser humano tomado por una ebriedad, por cualquier causa, a menudo religiosa que pueda justificarle, tiende a expandir la violencia.”

Finalizaría recordándole a los revolucionarios ateos; que la revolución misma es un acto de fe, para comprobar esto; basta elucubrar las diferencias del terror revolucionario en Francia; cuando después de guillotinar cabezas, las abofeteaban mientras la multitud aplaudía. Este pasaje no difiere mucho del: “terror Yihadista.”
Alejandro Marengo Perez Duarte.

Alejandro Marengo Pérez Duarte

Mendigo de sueños, distópico, surrealista.   La enajeción desiderativa a la mercancía dinero, se paga siempre con libertad.

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