EN EL DIVAN

El soldado extraviado

 [bctt tweet=” Él soldado suponía que la poesía en prosa daba respuestas a los problemas más serios de nuestro tiempo. Hacía poemas en medio del ultimo genocidio del siglo XX. Recitaba en medio de la desolación: 

Un hombre al que le decían Dios decía:

 

-De lo que no se puede hablar es mejor callar-. Pero  Wittgenstein nunca se encontró con un delirante como ese condenado a muerte.

Él soldado suponía que  la poesía en prosa daba respuestas a los problemas más  serios de nuestro tiempo. Hacía poemas en medio del ultimo genocidio del siglo XX. Recitaba en medio de la desolación:

-Tengo un nombre que no habla de mi historia, una lengua que me enseño mi madre y los libros, conceptos, definiciones,  verbos que delimitan mis actos; adjetivos que nunca se cansan de fracasar al pretender describir lo que siento al contemplar el final de otro día, palabras que no crean  presencias; pronuncio letras por estar repleto de ausencias. Yo deseo y después pienso; mi deseo es un paisaje nebuloso donde aparecen recuerdos alucinantes, presencias fantasmales ¿El pasado sucedió o solo es mi imaginación usando palabras que alegran y convienen a mi memoria?

Mi deseo es el corazón de mi lenguaje.

Si mis letras pudieran describir la pureza del odio, la desolación de la lágrima, el desconsuelo atroz del vencido, el desierto de lo  olvidado , la desesperación de la muerte temprana, lo agobiante de lo infinito, la belleza del espacio exterior fotografiado por el Hubble, las sonatas de Bach.

Mi alma tiene tumores repletos de células nihilistas; duda principalmente de su existencia, sabe de su alteridad;  por eso me hace escribir letras, símbolos, metáforas, divagaciones. Los estertores de su existencia, de su paso por este atroz mundo; mis escritos interpretados por ti lector. Soy como un viento furibundo que pasó sin sentido en el orbe, un viento violento e intrascendente, un escritor ignorado del nuevo milenio, aspirante perpetuo; un hombre sediento de fe, en el mundo sin alma de la técnica, de los números, de  la objetividad y la ciencia. El ateísmo, el progreso, las distopías, los campos de concentración: -¡Dios no existe, existe Auswitz, y el Gulag, y Treblinka, y la bomba atómica, y el miedo!-

Así leí en alguna parte protestó aquel condenado a muerte, en  una guerra racial que sucedió en la antigua Yugoslavia, en medio de la desesperación y el odio, su alma no logró dejar de dudar; tampoco se sabe si sobrevivió, solo encontré, quizás inventé lector, estas palabras sobre él.

Alejandro Marengo Pérez Duarte

Mendigo de sueños, distópico, surrealista.   La enajeción desiderativa a la mercancía dinero, se paga siempre con libertad.

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