CULTURA

La tremenda corte: un clásico de la radio

Salvo pocas excepciones, aún los más jóvenes han escuchado alguna vez un capítulo de esta serie, o por lo menos no les será ajeno el nombre de “Trespatines”. Click To Tweet

 

Cástor Vispo

 

Audiencia pública:  Trespatines”: AAAAA la reja.

 


En este siglo XXI, cuando el embate de la comunicación ultramoderna y la comunicación digital, pareciera que la radio no tendría ya cabida; sin embargo  todavía quedan millones de radioescuchas, y aunque los programas han evolucionado acorde con los gustos, modas y necesidades histórico-sociales de los distintos países, quedan en el recuerdo, y aún al aire, programas que se resisten a morir o siquiera a envejecer. De entre todos los programas antiguos que todavía se dejan escuchar en una que otra radioemisora de tradición, quizá el de más éxito, muy por encima de Kalimán, el hombre increíble, es La Tremenda Corte.

Salvo pocas excepciones, aún los más jóvenes han escuchado alguna vez un capítulo de esta serie, o por lo menos no les será ajeno el nombre de “Trespatines”.

Esta serie radiofónica se transmitió por primera vez el 7 de enero de 1942 en la  isla de Cuba de donde es originaria. Si le preguntara a usted, amable lector, por el responsable de tal éxito, seguramente contestaría sin vacilar que el éxito se  debe al actor Leopoldo Fernández en su personaje de “Trespatines”. Y en parte tendría razón, pero no completamente. El éxito en realidad se debe a la pluma de Cástor Vispo, quien escribió todos y cada uno de los libretos entre enero de 1942 y hasta que el programa fue cancelado por órdenes de Castro en 1961. 19 años de programa que transmitía  en vivo 3 veces por semana, y que no se interrumpió ni siquiera en noviembre de 1958 cuando en un mismo día murieron dos de los integrantes del elenco fijo de este programa: Adolfo Otero y Julito Díaz. En el capítulo llamado: “señoricidio”, se escucha en el diálogo inicial entre el señor juez y el secretario externar la pena por este doble acontecimiento, y se oye a Aníbal de Mar, el señor juez decir: “el show debe de continuar”.

Hablamos de Cástor Vispo, el cerebro creador del concepto y de los libretos de La tremenda corte. Vispo habría llegado a la isla de Cuba huyendo de la guerra civil española y con los años se naturalizaría cubano, pero jamás olvidó a Galicia su tierra. Por ello en sus historias siempre había un gallego, en el caso de La tremenda corte, Rudecindo Caldeiro y Escobiña, interpretado por Adolfo Otero, que era, en efecto, español, pero no necesariamente gallego como su personaje; de hecho la escasa biografía de este actor señala su nacimiento en España, pero no puntualiza en qué parte de ésta.

Los nombres de Leopoldo Fernández y de Aníbal de Mar, corrieron juntos en muchos proyectos, no únicamente como Trespatines y el Señor juez; también formaron el dueto Pototo y Filomeno, y antes trabajaron juntos en otro programa, también escrito por Cástor Vispo, llamado Chan Li Po.

Para la parte femenina de las víctimas de Trespatines, se eligió a la actriz Manuela Cal Fariñas, conocida en el medio radial cubano como Mimí Cal, para encarnar al entrañable personaje de Nananina, de la cual se hace mofa siempre de ser una mujer excesivamente obesa. En la vida real, Mimí Cal no era una espiga, pero estaba lejos de ser una mujer gorda.

Si bien los libretos estaban escritos, las improvisaciones estaban a la orden del día, así que con frecuencia se ironizaba con un supuesto matrimonio fracasado entre Trespatines y Nananina, pero lo de supuesto no existía en la vida real: Leopoldo Fernández y Mimí Cal, estuvieron casados en dos ocasiones, aunque  para la época del programa, eso ya era historia.

Si es usted aficionado a escuchar este programa, recordará que antes de la voz joven del secretario, se escuchaba una voz de persona más bien vieja, y que en más de alguna ocasión esta voz le pertenecía a personajes “invitados”, como un “prometido” de Nananina, por ejemplo. Esta voz pertenecía a Julito Díaz, que en Cuba era un actor cómico de mucho renombre.

Entre las curiosidades, paradojas o bromas del destino, es digno de comentar lo que sucedió en noviembre de 1958. Julito Díaz había muerto de un infarto y durante el velorio, algunos medios radiofónicos quisieron llevar la noticia a sus radio oyentes; dentro de la capilla ardiente, estaban entrevistando a Adolfo Otero, cuando este se llevó las manos al pecho con un grito sordo… pocas horas después hacía compañía a su amigo en otro féretro. Algunos historiadores sugieren que la cosa había sido al revés, muriendo primero Adolfo Otero, pero es la propia hija de éste quien cuenta su versión como yo la he descrito.

Una de las curiosidades del programa, quizá la de más sinrazón, es que Leopoldo Fernández en los primeros capítulos, a pesar de que el programa era para radio y no había público en vivo, se pintaba la cara de negro (Mejor dicho de color café, para parecer afroamericano).

De entre los muchos personajes no fijos del elenco, el único que habría alcanzado cierta popularidad habría sido Simplicio Bobadilla y Comejaibas, interpretado por Edwin Fernández (sin parentesco con Leopoldo). Los demás pasaron simplemente, algunos en un solo capítulo.

Existe la leyenda urbana que luego de la cancelación del programa, se presentaba Leopoldo Fernández en el teatro con un espectáculo cómico, durante el cual en un supuesto sketch, se quería adornar la pared con fotos de ex presidentes de Cuba, y le presentaban uno a Pototo (Fernández) y él decía: “a este lo botas”… otro, “a este lo botas”… y así, hasta que le presentan la foto de Fidel Castro y entonces dice: “A este lo quiero colgar yo”, con el doble  sentido a que se presta la situación. Esta habría sido la razón de que fuera exiliado del país, sin embargo en una entrevista que concedió en Miami, el mismo Leopoldo Fernández se encargó de desmentir tal leyenda diciendo muy serio: “Caballero, si yo hubiera hecho y dicho aquello, no estaría ahora aquí contando el cuento…”.

En 1966 se intentó revivir el éxito de La tremenda corte, ahora en televisión en México, concretamente en Monterrey, Nuevo León. Nuevamente se enfundaron en los personajes de Trespatines y el Señor Juez, Leopoldo Fernández y Aníbal de Mar, respectivamente. Mimí Cal, que por entonces ya radicaba en Miami no quiso participar, por lo que se recurrió a la actriz mexicana Norma Zúñiga. Como ya hemos dicho, Adolfo Otero hacía8 años que había fallecido, de manera que para “revivir” a Rudecindo Caldeiro,  llamaron al actor Florencio Castelló, actor sevillano radicado en México desde hacía muchos años, pero que nunca perdió su acento, aunque también se puso  la boina vasca en varios capítulos Luis Manuel Pelayo. Se creó un nuevo personaje de un argentino llamado Patagonio Tucumán y Bandoneón, interpretado por el actor Marco de Carlo, y otro personaje recurrente: Polito Abril y Mayo, interpretado por Leopoldo Fernández, Jr., hijo de Trespatines.

La televisión de aquellos años, aunado a la pobre producción de esos programas que prácticamente carecían de patrocinador, evidenció las grandes carencias de escenografía; cartones mal pintados haciendo las veces de paredes, muebles  remendados, etc., además de que en los programas de TV los libretos poco tenían que ver con los de Cástor Vispo, ya que estos los escribía el propio Trespatines, hizo que no durará más de tres temporadas, de 1966 hasta 1969.

Por esos programas de la televisión vimos desfilar a Alfonso Zayas, a María Antonieta de la Nieves, o a Tonina Jackson, luchador famoso de la época.

Aníbal de Mar Murió en la ciudad de Chihuahua, México, luego de haber trabajado con Chespirito en un programa llamado Los caballeros de la mesa  cuadrada.

Leopoldo Fernández murió en Miami, al igual que Mimí Cal.

El último en dejar este mundo fue Miguel Ángel Herrera, el secretario joven.

Pero La tremenda corte se resiste a morir. Búsquela en el cuadrante de su radio. Todavía se deja oír el grito de “Trespatines”: AAAAA la reja.

Jesús Consuelo Tamayo

Estudió la carrera de música en el Conservatorio Las Rosas, en Morelia. Ejerce la docencia desde 1980 Dirigió el Coro de Cámara Aguascalientes desde 1982, hasta su disolución, el año 2003. Fue Coordinador de la Escuela Profesional Vespertina, del Centro de Estudios musicales Manuel M. Ponce de 1988 a 1990. Ha compuesto piezas musicales, y realizado innumerables arreglos corales e instrumentales. Ha escrito los siguientes libros: Reflejos, poesía (2000); Poesía Concertante, (2001); Guillotinas, poesía (2002); A lápiz, poesía (2004); Renuevos de sombra, poesía (inédito); Detective por error y otro cuentos (2005); Más cuentos (inédito); Bernardo a través del espejo, teatro (2006); Tarde de toros, poesía (2013).

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