NACIONAL

Los luchadores extraviados de la justicia social.

Los populistas afirman son la voz del pueblo, hasta que tienen que representar a la voz del orden que impone el poder obscuro y abstracto del dinero. Click To Tweet

 

Me considero un vago  pensador indignado

 

En 1789 estalla la Revolución Francesa;  antes de este año, era imposible pensar que los criados no obedecieran a los amos. En casi dos milenios, nadie se creía libre y aristócrata a menos que lo dijera un rey enviado supuestamente por Dios.

Después vino el terror revolucionario, las guillotinas, los linchamientos en las plazas públicas, la atroz anarquía. Y de este desastre, surgió un emperador tirano que sometió a Europa, coronándose el mismo; el poder lo corrompió,  hizo de su país: “un imperio nacionalista y conquistador”; el amo solo era otro, la esclavitud de la servidumbre continuaba, solo que ahora, el amo no necesitaba inventar que Dios le había dado el poder, el amo sabía hablarle al corazón de sus soldados: los hacía creer, ambicionar; era la única diferencia entre él, y los monarcas que se creían el sol.

El general era un emperador tirano, contradijo todos los ideales por los que combatió la anterior revolución. La vieja historia Romana del poder que corrompe se repetía en otros países, en otros tiempos, con otras circunstancias. El que se dio cuenta de esta contradicción; un tal Hegel, escribió a su amigo Schelling sobre las intrigas y los sórdidos trapicheos con los cuales se impone el poder abstracto del dinero más de dos siglos atrás:

Las flaquezas humanas que entonces se advierten, las maquinaciones al lado de las cuales las intrigas de primos y primas en las cortes principescas no son nada: es lo que no puedo describirte. El padre nombra al hijo o al marido de su hija, que aporta mayor usufructo a sus bienes, y así sucesivamente. Para aprender a conocer una constitución aristocrática, hay que haber pasado aquí uno de estos inviernos.”

El pensador que inspiró a Marx, describió perfectamente lo despóticos que eran los aristócratas de su tiempo, los aristócratas también podían ser esclavos que se ponían ellos mismos coronas de emperador después de destruir Europa a nombre de la República, de la libertad, de la igualdad, de la justicia.

En el mundo y en  mi país, nunca se dejo de exhibir esta forma de gobernar, repleta de contradicciones, aquí los poderosos; los gobernantes, los acaudalados, se sienten aristócratas, incluidos los que dicen ser: “la voz  íntima del pueblo como ha sucedido toda la amarga historia de la demagogia y el poder, materia favorita de Hegel.”

Un político que habla en contra de los que tienen dinero; en cuanto tiene el ansiado poder; misteriosamente, solo lo mantiene si se hizo amigo de los acaudalados, si defiende sus supuestos nobles intereses, si no afecta por medio de sus designios  a los empresarios bondadosos y generosos. Estos nuevos aristócratas, modelos del rendimiento y del individuo postmoderno, le apoyarán manteniendo así su poder. La crítica mordaz a los ricos pasa a segundo termino si estos son de tu bando, el poder ha llegado; desde el acontecimiento de la toma del poder, la realidad infame y desigual, sigue teniendo sus amos y sus esclavos. No cambia un carajo.

Los populistas afirman son la voz del pueblo, hasta que tienen que representar a la voz del orden que impone el poder obscuro y abstracto del dinero. El mundo en torno al dinero que suponemos nos da justicia y paz, son unos cuantos; los que de la forma más pesimista, saben del atroz engaño.

El individuo postmoderno quiere  dinero, no ideales que no le dan la posibilidad si quiera de ser dueño de su propio y escaso tiempo de vida, quiere  estatus no promesas vacuas, quiere descansar no limpiar mierda ajena sin descanso hasta el fin de sus días. Sí todos tuviéramos dinero, la violencia y la ignominia en la que vivimos desaparecería. Suponer lo anterior, implica reconocer que repartir el dinero implicaría formar ciudadanos virtuosos, olvidando por completo que los países más consumistas, seguramente no son los más educados y cultos. Resolver utópicamente la atroz desigualdad económica, tristemente no resuelve en sí, la putrefacción del tejido social. Quedan otras muchas bajezas y crímenes para el ser humano ,además de su avaricia por el dinero.

La bondad de nosotros el pueblo está consumida hasta niveles inimaginables por el deseo de poseer dinero, de ser diferente, de mandar, de ser un  déspota desalmado. Y para que viva un rey, siempre se necesitaran criados.

Nosotros los vulgares, amamos ese cuento aciago sobre no necesitar del dinero, no obedecer ordenes, no gastar tu vida en una actividad rutinaria y aburrida, hacerse bonito y popular, mandar y no obedecer. Lo podrido es que el despotismo que se le reclama al atroz capitalista, esta  en cualquiera de nosotros, solo los hipócritas no aceptan la dictadura del capital: -el que paga manda.

Pero el dinero en sí mismo no educa, no forma valores, por el contrario, los diluye ¿Cuántas veces han visto a un millonario tratando de comprar lealtades, opiniones favorables? Tener dinero ni siquiera te hace capaz para mandar, la cantidad de capitalistas cuyo único mérito es contratar a la hormiga adecuada debe ser asombrosa.

Me considero un vago  pensador indignado, me enfadan mis trabajos malos y mal pagados que absorben casi todo mi tiempo de vida,   me enfada mi incapacidad de producir el dinero suficiente después de trabajar diez horas diarias, me indigna no ser considerado buen: padre, amigo, familiar, individuo, por ser  siempre: -el idiota que no tiene dinero aunque trabaja seis días a la semana, el haragán que lee mucho o no trabaja lo suficiente, aquel que no sabe utilizar su talento, ni ser administrado con el dinero aunque lleve años sin salir se la ciudad.

Me entristecen los rostros que observo diario en el metrobús: , hartos, agresivos, silenciosos; me asombra que  parte de mis amigos adinerados, hablen de la pobreza como una consecuencia directa del estilo de vida y las decisiones de cada individuo; es decir, solo la padecen los incompetentes;  ignoran deliberadamente la cantidad de personas en el mundo que sobreviven con menos de 2 dólares por día, siguiendo su argumento, casi toda la humanidad es parasitaria y fracasada.

Me enfada al máximo el rezo íntimo del burgués: el jodido es pobre por haragán, jamás añaden que quizás también aunque seas muy trabajador y disciplinado, puedes vivir explotado, harto y sin oportunidad, estancado económicamente aunque seas un genio de las matemáticas pero no de las ventas.

El jodido es pobre por que quiere, no esta educado, solo le gusta el dinero, es fracasado, no nació para socializar, ni para  triunfar en sociedad. El mundo del capital y del mercado, la ambición desmedida y la voracidad, la falta atroz de conciencia para con la desigualdad, el amor desmedido por las utilidades; estos factores no son los responsables de tanto ignorante improductivo.

Nadie en sus cabales plantearía una revolución a estas alturas del partido, los empresarios aman su estatus, los proletarios aman sus pequeñas comodidades pseudoburguesas como sus pantallas planas, algunos hasta consola para videojuegos tienen. Esta pasado de moda culpar al sistema aunque tenga bastante de responsabilidad, el vulgo ama el supuesto orden invisible que tenemos, acepta de buen modo su sumisión.

Buscan los desposeídos un mítico padre que cuide de ellos, y como todo padre;  el Estado falla para con ellos, los descuida, les olvida mientras se ocupa de sus propios asuntos. Los opulentos ríen de este afán infantil y comodino de la gente que no sabe producir pero aspira a tener comodidades como ellos. Sencillamente no las merecen, suponen no saben vender ni esforzarse para si quiera aspirar a comodidades aparentemente exclusivas como la mejor atención médica, como dar órdenes, como los lugares de trato amable y vista minimalista.

El estatus es una conquista de los productivos y los poderosos, el que tiene dinero debe mandar y demostrar poder porque paga, y en este mundo:  ¡El que paga dinero manda, aunque sea un idiota que no pueda autogobernarse a sí mismo!

Ridiculizado  por indignarme sin saber del todo las causas del cataclismo que me resulta despertar, soy una burla  por hacer reflexiones para una sociedad muy ocupada, leer no es algo que agrade a muchos estos días. El pueblo trabaja o se entretiene, peor aún, nosotros el vulgo en cuanto tenemos un poco de dinero y de poder, nos transformamos en ese empresario odioso que juramos detestar, absorbiendo utilidades y reduciendo pagos y gastos, es tan fácil justificar nuestra tendencia atroz al consumo y al estatus.

El luchador social postmoderno es un consumista que bebe los mejores vinos, va a los mejores restaurantes, olvidando por un segundo que  es el amo y no el mesero. De buena forma acepta y justifica la explotación de clase en cuanto se divierte, en lugar de trabajar haciendo lo que no soporta hacer: ¡Obedecer al menor chasquido de dedos!

Esta impostura es atroz en muchos  indignados como yo, en realidad nos encanta la comodidad y la embriaguez con licores finos, solo nos fastidia demasiado; sentirnos cómodos a sabiendas de lo terrible que resulta ser un criado. Solo siendo un criado que apenas gana lo justo  se entiende esto.

Y es que existen oficios que si uno imagina los tuviera que hacer por el resto de sus días, sería inclusive preferible morirse.

Por todo esto me creo más sincero que muchos de los “jueces de los acaudalados”, nunca juzgues al otro sin denunciar tu propio deseo atroz, tu obscura necesidad de comodidad, reconocimiento y estatus. Dostoievski  lo decía desde luego mejor que yo, parafraseo su inmensa sabiduría de los Karamazov:

-Solo el pálido criminal es apto para ser juez.

Alejandro Marengo Pérez Duarte

Mendigo de sueños, distópico, surrealista.   La enajeción desiderativa a la mercancía dinero, se paga siempre con libertad.

Related Posts

  1. Alejandro Marengo says:

    Muchas gracias por el comentario. El objetivo de mis artículos es fomentar la pregunta y el buen diálogo, saludos cordiales.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *