NACIONAL

Los luchadores extraviados de la justicia social III

El poder y el capital decidieron contraer matrimonio cuando cualquiera podía fantasear la posibilidad de un día dejar de obedecer y comenzar a mandar. Click To Tweet

Henry David Thoreau

 

El trabajo dignifica dicen los capitalistas

 

Es una impostura aunque tu intención creas sea auténtica, asumir que la desigualdad instaurada por el mundo del dinero, por su orden invisible, desaparecerá por ser bueno, el mundo del dinero no es de personas buenas, todo lo contrario, el mundo del mercado es frío, impasible, no te permite fallas, los dueños del dinero son lobos no corderos.

Es una impostura pregonar que  la herencia implacable de los mercados y la industria,  la competitividad desmesurada, la necesidad de rendimiento y producción va a disminuir el día que triunfe un movimiento social.

Los Soviets desarrollaron un fervor por la utopía que difícilmente se repetirá en otra sociedad. Ellos creían que el triunfo de la Revolución sería la tan ansiada igualdad entre clases, también afirmaban que el sacrificio de cualquier individuo era lo menos que se podía esperar de cualquiera  por la Revolución. Ni los Soviets, ni Marx, intuyeron que el poder del capitalismo estaba en su ideología, en lo más profundo de la psique humana; enquistado en los deseos, es imposible para los bípedos dejar de entender su libertad como la posibilidad de ambicionar bienestar y confort desmedidamente ¡Todos los bípedos quieren vivir cómodamente y bien! La inmensa mayoría detesta trabajar y ama mandar a los demás.

El poder y el capital decidieron contraer matrimonio cuando cualquiera podía fantasear la posibilidad de un día dejar de obedecer y comenzar a  mandar. La dialéctica del brillante Hegel opera a un nivel inconsciente en la fantasía, en la mente capitalista del postmoderno sujeto del rendimiento.

El proletario antiguo se transformó en sujeto del rendimiento. El último es un organismo sujetado psíquicamente, inefablemente  al capitalismo. El sujeto cree que es libre pero su libertad termina donde sus billetes se esfuman, el sujeto cree que emprende, pero después descubre que se auto explota, su libertad está sujeta al rendimiento, una mano invisible la mueve. La libertad entonces es esta mentira cotidiana, toda la especie jura daría la vida por su libertad pero ni siquiera entiende por completo quienes y como pisotean su libertad.

El trabajo dignifica al hombre rezan los capitalistas ideologizados , obedientes, auto explotables. Ellos son incapaces  en muchas ocasiones de tomar un libro y leer a Adam Smith, a Thoreau, a Hegel, a Marx, muchos son incapaces si quiera de entender que el trabajo ya ni si quiera se puede definir como el creador del capitalismo Adam Smith lo hacía, el trabajo dejo de ser remunerado adecuadamente desde hace años, la explotación laboral, el no reparto de la utilidad que genera el trabajo, traficar con el plus-valor del trabajo son algunas de muchas causas que nos dejó un mundo  repleto de gente inmensamente rica y una ingente pasividad cada día más precaria.

El precariato  significa que la mayoría de individuos en la humanidad están hundidos sin ganar más de dos dólares diarios. Los dedos culpan a la educación, a la corrupción, a la falta de valores, a la falta de productividad, pero misteriosamente ya nadie culpa al capitalismo. El sistema es perfecto, los bípedos no.

Thoreau decía:

-La ley jamás hizo a los hombres un ápice más justos; y, en razón de su respeto por ellos, incluso los mejor dispuestos se convierten a diario en agentes de la injusticia.

La ley puede hacer injustos a los bípedos ¿No lo creen? El apartheid era legal, los campos de exterminio fueron legales, la esclavitud fue legal. El criterio de la ley, la masa, los nacionalismos obtusos, nunca han representado  a la prudencia, a la sabiduría, al logos para decidir por el bien común.

Y las distopías consisten en que el mercado tampoco consiguió ninguna utopía. Olvidemos al tercer mundo repleto de pobres “improductivos.”

¿Por qué sociedades como la Japonesa o la Sueca tienen índices elevadísimos de suicidios? Tener sociedades ultra reguladas, disciplinadas, funcionales , cuasi perfectas, casi sin crimen, justas, pensaba que era la solución.

Pero las recetas para la felicidad siempre nos fallan, añadiendo que el agudo Schopenhauer escribió el gigante ridículo que representa ir por la vida acumulando bienes y entendiendo ese acto como la felicidad. La felicidad es lo que uno es y no lo que uno tiene, la felicidad, si existe, está en función del semejante, no de tu auto último modelo que no podrás manejar el día de tu entierro. Basar la felicidad en esto último es el vacío de esta era, su gigante estulticia, una de las causas de la histeria humana es no entender su insignificancia e intrascendencia.

Thoreau decía también: – El más rico  es aquel cuyos placeres son los más baratos. Desde luego un decadente de estos días, sólo es feliz  en función de lo que tiene, su alma le resulta tan espantosa y aburrida; que si no tiene acceso a los mejores lujos y productos, entretenimientos, nada tiene sentido. La gente vulgar ama el estatus, no pueden centrar la existencia en si  mismos , necesitan consumir para existir, necesitan tener para ser, necesitan aparentar para socializar, necesitan ser más para existir, reunirse, verse, criticarse, y siempre gastar lo más posible en lo más frívolo e insignificante. Me parece repulsivo que un millonario no  aspire a ser Cosme De Médici pero pretenda ser importante para la humanidad por explotar personas durante toda su vida.

Y ese “terrible explotador” lo llevamos todos, nadie quiere perder dinero, se busca la máxima utilidad de cualquier inversión, si no se tiene dinero para vivir bien, menos para repartir. Los trabajos mal pagados es lo que hay.

No quiero ver todo arder, no amo a rojos ni a azules, consideró el amor es mucho más poderoso que el odio, y la bondad infinitamente más superior  la soberbia. Pero para defender la libertad, se debe hablar propiamente de lo que la encadena.

No puede existir un “libertario”, ni un demócrata liberal que no acepte la dictadura del capital. El capitalismo es absoluto desde 1989, no tiene siquiera un contra peso ideológico. La libertad de los mercados  necesita darse cuenta de su desmedida ambición,

Thoreau una vez más nos enseña, nos regala una conclusión:

-La mayor parte de los hombres, incluso en este país relativamente libre, se afanan tanto en innecesarios artificios y labores absurdamente mediocres, que no les queda tiempo para recoger los mejores frutos de la vida.

Debemos pensar antes que actuar, debemos saber de la falta inmensa que llevamos dentro, de esta tendencia burda a tapar vacíos existenciales asumiendo que el dinero cubrirá esa falta. La felicidad está en nuestros actos y ulterior legado, la felicidad son los otros, lo demás es solipsismo.

Adam Smith

Alejandro Marengo Pérez Duarte

Mendigo de sueños, distópico, surrealista.   La enajeción desiderativa a la mercancía dinero, se paga siempre con libertad.

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