Ciencia Política

Sobre el TAO y El Arte de la Guerra

Existen dos indicadores con los que podemos reconocer la importancia de un texto en la literatura universal. El primero tiene que ver con la trascendencia a través del tiempo; el segundo, con la capacidad de desdoblamiento del libro o la trascendencia a través del espacio. El Arte de la Guerra de Sun Tzu, tiene ambas.

Es un manual militar que se publicó por primera vez hace más de 2400 años y del que se han discutido sus contenidos desde diversas áreas del conocimiento como la administración pública, la mercadotecnia, o el deporte ¿Cómo consiguió trascender los vaivenes del tiempo y espacio?

Este texto, posiblemente el más antiguo de estrategia que el ser humano moderno conozca, se sitúa dentro del periodo denominado de Los Reinos Combatientes (476-221 A. C.). Una época de guerras intestinas que dejó una sociedad devaluada, donde las élites combatían para hacerse del poder que la desgastada Dinastía Chou ya no podía manejar (Cleary, 1999). Este escenario ocasionó que las obras literarias principales de la época tuvieran siempre matices relacionados al arte político y militar.

Sin embargo, si algo baña al libro de su primera a última letra es el Taoismo. Una tradición ancestral de filosofía oriental, que ha permanecido presente en China durante miles de años, y es donde han abrevado diversas expresiones culturales de oriente.

Definir al Tao, es tan complejo desde el área del raciocinio como lo es describir el orden natural de la existencia. Normalmente se explica por medio de imágenes, metáforas [1] y frases cortas[2]. Su traducción textual en significado es el camino o la vía; y su sinograma consta de dos símbolos que significan, cabeza, e ir.[3]

Por lo tanto, si el Tao está presente de manera palpable en todo el texto del Arte de la Guerra[4], y entender al Tao es comprender desde la sabiduría China las fuerzas que siempre rigen en el Universo más allá de las emociones y los sentidos, podemos decir que quien ganó la batalla de la trascendencia literaria en tiempo y espacio en El Arte de la Guerra fue el Tao.

Para el Tao, todo está relacionado, y entender el tiempo es saber que no existe (al menos desde la perspectiva occidental lineal), por esta razón podemos comprender el traspaso de la fronteras temporales del libro. Lo mismo sucede con el espacio, si el todo está unido, el conocimiento militar desde el punto de vista Taoista servirá también para una estrategia en el futbol o para vender una lavadora, da igual. A esto llamo, desdoblamiento del texto, o rompimiento del espacio.

Bajo esta concepción, el entendimiento del terreno, – no sólo como el espacio material geográfico sino como un todo donde mi presencia y capacidades provocan variables para tomar decisiones -; así como el conocimiento que se tenga sobre uno mismo y sobre el adversario, pueden acercarnos al camino, y conseguir la victoria, sin importarnos cuál sea simbólicamente el aspecto de esta última (dinero, fama, territorio, conocimiento, etc.).

Habrá también que desarrollar diversas capacidades como el arte del engaño, la aplicación de la fuerza en el momento y en el lugar oportuno; y la confianza total tanto en el líder como en el equipo para producir pequeñas ventajas frente al otro, a lo otro.

El Arte de la Guerra nos hace ver desde una visión inicial superficial, que existen fuerzas opuestas con miles de maneras diferentes[5] a la hora de combinarse; ya en un segundo filtro estas fuerzas se entenderán como complementarias[6], y en un paso de profundidad mayor no sólo se interrelacionarán, sino que una será a la otra, se conformarán y crecerán gracias a su opuesto, creando círculos sin comienzo ni fin, uniéndose con el Todo.

Así como es el día a la noche y la luz a la sombra, lo es el entendimiento del lleno y el vacío, y lo es también el tema de la guerra y la paz, donde una no puede ser ajena de la otra. Es por esa razón que este texto que se funda en ser un tratado sobre la guerra, hable precisamente de cómo evitarla hasta donde sea posible y disminuir sus costes, es decir, hable de cómo hacer la paz. Este entendimiento de polaridades sirve también para continuar analizándole bajo la escuela Taoísta.

Basándonos en las observaciones del orientalista Thomas Cleary, la comprensión del Arte de la Guerra se enmarca en la Ciencia de la Esencia y la Ciencia de la Vida. La primera se encarga de desarrollar el entendimiento y la transformación mediante lo invisible[7], el no hacer[8], y la discreción, no acciones todas, que tienen que ver con lo vacío, y por ende con el territorio de la mente y su control. Este control mental es el que desarrolla la tranquilidad a la hora de tomar decisiones y comprende lo que los japoneses en la mesa de negociación llamarían el sonido del silencio, para intuir las estrategias de sus contrapartes.

La ciencia de la Vida, como opuesto, estudia las artes marciales externas y la cultura (Cleary, 1999), así como el lugar de donde proviene la energía que se ocupa para alguna actividad, y llevando la idea a la superficie, comprendemos que el entendimiento del uso de la fuerza[9], el impetú[10], o la bravura vienen de aquí, así como la capacidad para entender la materia en todos sus sentidos.

El conocimiento occidental ha desarrollado en mucho mayor medida el arte de la Ciencia de la Vida que el de la Ciencia de la Esencia. Es hasta hace poco que nos hemos percatado que quien tenga la habilidad de trabajar sus pasiones y debilidades humanas, es quien mejorará su capacidad de adaptación, entenderá mejor al adversario y será capaz de dominar su corazón, es decir utilizar la calma para enfrentarse a los que se agitan. Esa persona o unidad, será la que alcance la victoria final. Desafortunadamente para conseguir ese conocimiento no hay ningún libro que lo otorgue por sólo leerlo. Sun Tzu nos invita a entender el conflicto desde la semilla, advirtiéndonos que para llegar a ello será indispensable comprendernos en el sentido más amplio de la consciencia.

El Arte de la Guerra rompe todo parangón con el entendimiento de la realidad como la asimilamos, y por ende con la manera como se concibe la victoria, siempre tan subjetiva y amorfa, frente a un aburrido binomio maniqueísta occidental de loser or winner. Tal vez a nuestra ególatra cultura nos vendría bien una dosis de humildad interna y auto observación para descubrir esos persistentes y sutiles prejuicios euro céntricos a los que se refería Edward Said, así, algún día aprenderemos la complejidad tan sencilla del TAO, aprenderemos a escuchar el sonido del silencio y Sun Tzu, se convierta en el General que más batallas ha ayudado a ganar, las internas.

Bibliografía:

  • Po Tuan Chang, Las enseñanzas internas del Taoismo, 2004, Ediciones La Llave, Vitoria-Gasteiz, España.
  • Kane Thomas, Strategy. Key Thinkers. Chapter 1. Hearing the Thunder. Cambridge: Polity Press, 2013.
  • Sun Tzu, El Arte de la Guerra, Versión Thomas Cleary, EDAF Madrid 1999, impreso en China.

Internet:

  1. Es imposible encapsularla en palabras (Lao, 1972, en Kane)
  2. Bárnes considera que las frases del estratega muestran una gran capacidad de síntesis –sin caer en la simplificación. (Bárnes, 2014)
  3. Es interesante mencionar que “Bereshit”, la palabra con la que empieza la Torah, o el Antiguo Testamento y que se traduce como “Al principio”, tiene también como una de las acepciones que se manejan en la Cábala judía, la palabra “Cabeza” –rosh-.
  4. Esta afirmación ha sido ya muy mencionada y muy corroborada por diversos autores por lo que no profundizaré.
  5. Las siguientes tres notas vienen del mismo párrafo del Capítulo V, del Arte de la Guerra …Sólo hay dos clases de cargas de batalla: El ataque sorpresa ortodoxo y el ataque directo heterodoxo, pero sus variantes son innumerables.
  6. Lo heterodoxo y lo ortodoxo se originan recíprocamente…
  7. Sé extremadamente sútil hasta el punto de no tener forma. Se completamente misterioso, hasta el punto de ser silencioso. (Cap. VI. Tzu)
  8. LVII Simple enseñanza

    El imperio se gobierna con la rectitud. /Con Ia estrategia se dirige un ejército. /Con el no-hacer se conquista el mundo. (TAO TE CHING, Lao Tse)

  9. El Maestro Tsu, dedica el Capítulo 5, a la fuerza precisamente, aunque aparecen observaciones en todo el texto: Si tus fuerzas son iguales en número, lucha si te es posible. Si tus fuerzas son inferiores, mantente apartado si puedes hacerlo. Si eres inferior, huye si puedes. (Cap. III. Tzu)
  10. Los buenos guerreros buscan la fuerza del impetú y no de la fuerza de cada soldado. Por ello son capaces de escogerlos y dejar que la fuerza del impetú haga su trabajo. (Cap. V. Tzu)

Jorge Marengo Camacho

Maestro en Seguridad Internacional por le Institut Barcelona d´Estudis Internacionals (IBEI), Maestrante en Psicoterapia Gestalt Integrativa, Escuela Gestalt Viva Claudio Naranjo

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