CULTURA

Aventuras en el viejo oeste o un disfraz para la dominación

La constante reproducción de estas historias ha construido el patrón cultural que se ha expandido mundialmente. Colocó en el inconsciente colectivo esos estereotipos que marcaron los roles, las posiciones sociales e identidades dentro de… Click To Tweet

 

El viejo oeste como escenario vigente para la narración

 

Nuestros padres y abuelos crecieron leyendo historietas del salvaje oeste, viendo películas ambientadas en el desierto de Texas, Nuevo México, entre los peñascos del gran cañón; fueron testigos de muchas persecuciones a caballo, que, con un rojo atardecer como fondo, los sheriffs emprendieron detrás de ladrones forajidos, pistoleros americanos, mexicanos desposeídos o indios insurrectos.

Estas escenas remitieron a sus consumidores a la acción, a la valentía, a la hombría que se requería para sobrevivir durante la era de la expansión territorial en los Estados Unidos de América; proporcionaron entretenimiento y emoción a los lectores, pero detrás de esas aventuras que se complementaban con un buen revolcón con las chicas del saloon, la literatura y posteriormente, el cine, establecieron las relaciones entre los personajes que traídos de la “realidad” fundaba una serie de creencias históricas e identidades culturales que, de alguna forma, aún prevalece. La estructura narrativa dual de perseguidos y perseguidores de esta literatura es una constante, que sin intención (¿sin?) le otorgó al inconsciente ese prejuicio difícil de modificar, el perseguidor, siempre es el bueno, y el perseguido, el malo.

 

¿Quiénes eran los buenos y quiénes los malos?

 

La violencia y el salvajismo imperaba a modo de balazos y flechas lanzadas por indios que quitaban la vida a hombres sin importancia que, por cierto, iban cayendo al suelo como costales (puesto que eso se requería para la ambientación) y eso fue lo que hizo del old (viejo) el mundialmente conocido wild west (salvaje oeste). La noción de verdad (diría Foucault) cultural e histórica que refuerza esta narrativa es que, en las guerras por territorios agrestes, un rubio ojiverde cuya estrella en el pecho simbolizaba la ley, impondría el orden o lo que es lo mismo, tenía el derecho de colocar a cada personaje en su lugar (¿cuál lugar?) el más conveniente para su estructura social, por supuesto. Esta es la constante que, historia tras historia, reforzó un imaginario social en que se ubicó a los mexicanos como los pobres, los desposeídos o parte de la servidumbre, que los nuevos rancheros (blancos) fueran los legítimos dueños de grandes extensiones de tierra y ganado, las mujeres se acotaran a dos estereotipos: hogareñas a cargo de un séquito de niños rubios o  risueñas bailarinas de can can; los ladrones eran antisociales y ermitaños o en caso de convivir con los indios nativos se convertían en traidores; estos roles narrativos, de tanto repetirse en novelas, luego, historietas y películas, se hicieron invisibles, y todos nos acostumbramos al argumento de la aplicación de que la ley procuraba mantener el orden. Ese orden enmascaró el arrebato de tierras, esas que defendía y peleaba la población nativa, y esa ley era a la que los navajos, siux y demás, se resistían, porque nada tenía que ver con ellos, y por la que se vieron, cada vez más acorralados.  

 

Expansión mundial de las identidades

 

La constante reproducción de estas historias ha construido el patrón cultural que se ha expandido mundialmente. Colocó en el inconsciente colectivo esos estereotipos que marcaron los roles, las posiciones sociales e identidades dentro de la sociedad fronteriza entre México y los Estados Unidos. Los encajonados roles de las narraciones, si bien, en su momento fortalecieron las relaciones de dominio, la construcción del imperio, la sumisión irreflexiva de la población desafortunada y calificó de “conflicto” de “trasgresión” que la mujer, el indio y el mexicano reclamaran o ignoraran las posiciones que se les habían asignado, hoy nos ofrece una nueva lectura y nos ayuda a comprender el poder de difusión que tiene la literatura.

Por fortuna, los años han transcurrido y cada vez más mentes están dispuestas a cuestionar los órdenes establecidos que benefician y privilegian a un segmento de la población. La oportunidad está ahí, en este escenario o en cualquier otro en el que con un poco de fantasía y narración puedan desmantelarse preceptos arcaicos que aún perjudiquen a ciertos de nuestra sociedad. Esta categoría del subgénero de literatura de aventuras es aún terreno llano, dispuesto a ser dominado por escritores rebeldes a los que les apetece denunciar los errores que trajo tal orden construido, aún se puede invertir el discurso cultural que fortaleció ese mapa del poder.  ¿Qué sabor tendría hacer un recuento de la sabiduría ancestral de los nativos que desperdició el hombre blanco? quizá, sea divertido cambiar el pasado, crear lo que pudo ser, aunque sea en la imaginación.

Marisol Gámez

Originaria de Aguascalientes, Maestra en Ciencias Humanísticas y Literatura por el Tecnológico de Monterrey. Ganadora del primer lugar del concurso Cuéntale tu cuento a la Nota Latina 2016, certamen que convoca a todos los escritores en español en los Estados Unidos de América. Ha publicado poesía en la antología Equilibrios Contrarios tributo a Federico García Lorca y el cuento ganador Delicias Mexicanas en Todos contamos. Selección de cuentos premiados del certamen La nota Latina. Es miembro de la Asociación de Poetas y Escritores de Miami. Ha sido jueza en el concurso Premios Literarios North Texas Book Festival 2017, sección literatura en español. Formó parte de los Escriventores grupo de escritores que crean literatura en español para público migrante en los Estados Unidos de América. Ha publicado cuentos en revistas literarias digitales. Actualmente escribe cuento, novela, poesía, artículos y reseña de libro.

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