CULTURA

Ahorro y despilfarro en el lenguaje

La flojera en el lenguaje no es exclusiva de la escritura, qué va. Hoy los jóvenes no van al colegio, van al “cole”. Uno no habla por micrófono, habla por el micro Click To Tweet

 

El lenguaje de WhatsApp

 

Cada día se respeta menos a la Gramática Española. Primero empezaron los jovencitos descubriendo en la internet los famosos “chats” y sin otra excusa que la flojera, empezaron a “ahorrar” letras y palabras y escribir K, en vez de ‘qué’; +, en vez de ‘más’; TQM, en vez de ‘tate quieto m…’ ah, no, en vez de ‘te quiero mucho’; y un montón de palabras a las que les eliminaban las vocales y uno, por el contexto, tenía que adivinar qué diablos querían decir. Ntncs, por entonces, y otras lindezas por el estilo.

Luego se popularizaron los teléfonos celulares de nuevas generaciones, que se utilizaron cada vez menos como teléfonos, y más como medios de conversación escrita por medio del WhatsApp, y ahora sí, con el pretexto del teclado más pequeño, proliferaron cada vez más las apócopes y las siglas que para alguien no iniciado en ese oscuro lenguaje, no quieren decir nada.

Existió en alguna era prehistórica de la cibernética, un programa conocido por sus siglas ICQ (I Seek You) que en lengua romance quiere decir ‘yo te busco’ y que introdujo una serie de efectos gráficos y/o sonoros; entre los que más se utilizaron fue un efecto de risa que se abreviaba LOL, de tal manera que hoy día se usan estas siglas (LOL) para indicar que algo nos hizo gracia. Por cierto, el ICQ vuelve por sus fueros.

La flojera en el lenguaje no es exclusiva de la escritura, qué va. Hoy los jóvenes no van al colegio, van al “cole”. Uno no habla por micrófono, habla por el micro. La gente no sube al autobús, sube al bus. Los espectadores no van al cine a ver películas, ven “pelis”. Y así, más o menos, pasó a ‘maso’; estaría bien, queda en un simple ‘estaría’ y muchos más casos por el estilo.

No es extraño en los jóvenes, pero el mal ejemplo cunde. Cada vez se oye a más gente mayor hablando así, y lo que es peor, cada vez se escucha en más y más profesores el fresa término de: “cole”.

Por otro lado tenemos a lo “políticamente correcto” que, para no ofender a algunas damas, yo me resisto a ello, nos obliga a prodigar pleonasmos y frases absurdas y el uso excesivo de artículos innecesarios: los y las, unos y unas, chiquillos y chiquillas, mexicanos y mexicanas, y sin darse cuenta, muchas veces por quedar bien con unas, quedan mal con otros; por ejemplo en vez de decir: “los diputados y las diputadas”, dicen “las y los diputados”, englobando a las integrantes femeninas del grupo, al vocablo ‘diputados’, con lo que de todos modos sale sobrando el repetitivo “las”.

Siempre he dicho que las ofensas no radican en la lengua, sino en los oídos; es decir no importa qué se diga o cómo se diga, únicamente se convertirá en ofensa si quien lo escucha decide tomarla como tal. A veces le mentamos la madre a un amigo, con todas su letras, y él nos contesta con un abrazo y una sonrisa de oreja a oreja por el gusto de vernos y saludarnos. Otras veces basta decirle a alguien ‘tonto’, para que se arme la gorda, como dice la popular expresión. Insisto: no son las palabras dichas, sino las palabras escuchadas. De tal manera que si ante un grupo de personas donde hay hombres y mujeres, se utilizan los masculinos, como lo manda la regla gramatical, no habrá ofensor sino ofendidas, si las mujeres presentes (no todas; sólo algunas) se sienten excluídas.

Otro fenómeno que ha provocado esta nueva sinrazón feminista, es la creación de nuevas palabras que, francamente, suenan horrible la mayoría. Me refiero a la obligación de feminizar todas las palabras, usando términos que no existen y que por desgracia, se van popularizando cada vez más. Presidenta, pacienta, habitanta, litiganta, y así por el estilo.

¿Alguien sabe cómo enseñar a mi teclado a ser “políticamente correcto”? No deja de señalarme como error todas esas palabras feminizadas anteriores.

Yo por mi parte, hablo y hablaré usando las reglas de la Gramática, porque así lo aprendí, y porque al hacerlo lo hago sin el afán de ofender ni minimizar a nadie. Yo respeto a todas las damas, pero también a la gran Señora que es La Gramática Española, que regula al idioma más hermoso del mundo.

 

VERSOS Y VERSAS

INCLUSIVOS

 

Molesta con mi lenguaje

una señora muy maja,

me gritó: ¡Malaje!

y mostró ser muy salvaja.

 

Si “sustancia” es femenino,

esto con claridad se presenta:

lo que bebió este minino

fue una sustancia astringenta.

 

La mujer arrepentida

en el templo se presenta;

y por no ser aborrecida

se convierte en penitenta.

 

Ella es una celebridad

desde que compró esa caja;

decidlo ya con claridad:

es ya una personaja.

 

Ya Lucero tiene chamba,

antes muy triste era;

ahora canta la Bamba…

desde ayer es chofera.

 

Mira el arte que tiene

Rosamunda, la que espanta;

ella dibujando viene,

pues claro, es dibujanta.

 

Mira que María te mira,

por tu amor ya se decanta;

y si ella por ti suspira,

¡lógico!… es suspiranta.

Jesús Consuelo Tamayo

Estudió la carrera de música en el Conservatorio Las Rosas, en Morelia. Ejerce la docencia desde 1980 Dirigió el Coro de Cámara Aguascalientes desde 1982, hasta su disolución, el año 2003. Fue Coordinador de la Escuela Profesional Vespertina, del Centro de Estudios musicales Manuel M. Ponce de 1988 a 1990. Ha compuesto piezas musicales, y realizado innumerables arreglos corales e instrumentales. Ha escrito los siguientes libros: Reflejos, poesía (2000); Poesía Concertante, (2001); Guillotinas, poesía (2002); A lápiz, poesía (2004); Renuevos de sombra, poesía (inédito); Detective por error y otro cuentos (2005); Más cuentos (inédito); Bernardo a través del espejo, teatro (2006); Tarde de toros, poesía (2013).

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