CINE

Héctor Suárez: el placer del deber cumplido

Héctor Suárez no es un actor de carácter fácil. Él argumenta que tan sólo es que no es alguien dejado o callado. No tolera ser humillado o abusado; Click To Tweet

Héctor Suárez

 

Héctor Suárez: un comediante que destacó por su crítica social

 

El nombre de Héctor Suárez no le es ajeno a ningún mexicano, ya sea por sus programas de televisión, o sus trabajos en el cine, quizá por el teatro… o quizá por ser uno de los “anónimos” más conocidos; para nadie es un secreto que Héctor Suárez es actor, director, productor… y alcohólico.

La ciudad de México vio nacer a este personaje el 21 de octubre de 1938. Hijo de padres ausentes, fue criado junto con su hermano Sergio por su abuela Josefina Guijarro Cruz, quien fue una revolucionaria; una auténtica “Adelita”. Su padre, a quien se refiere únicamente como “el Capitán Suárez”, perteneció a la brigada de zapadores en la Revolución Mexicana, y según narra el actor, quiso educarlos a él y a su hermano con la estricta disciplina castrense. De su madre sólo dice que se fue.

Tenía 14 años cuando decidió intentar volar con sus alas, y dejó la casa de su abuela para empezar a trabajar y estudiar.

Los destinos del Hombre son misteriosos. Héctor Suárez cursaba ya el segundo año de arquitectura, cuando Rosa María Montserrat,  una novia de su hermano Sergio, española ella, fue a visitarlo porque estaba enfermo. Héctor hacía sus tareas propias de la carrera en su restirador cuando vio que la muchacha hacía aspavientos raros, como hablando sola, Héctor burlonamente le preguntó qué hacía, y ella le contestó que estudiaba un libreto porque iba a ser actriz. Le pidió que le ayudara dando la réplica de sus diálogos, y Héctor más por diversión que otra cosa, lo hizo. Ella le comentó que lo hacía mejor que el actor verdadero que actuaría con ella, y lo invitó a ir a una clase con ella. Así fue como un día de 1958, entró Héctor Suárez a una clase, en calidad de oyente; casi al final de la clase, vio como el maestro ponía diversos ejercicios a sus alumnos, y tímidamente pidió participar. El maestro, que no era otro que el excelente actor Carlos Ancira, lo miró incrédulo y dijo en voz alta:

–Así que el oyente quiere hacer ejercicios de teatro avanzado. ¿Lo dejamos?

Y porque pensaron que sería un espectáculo divertido burlarse del visitante, todos los demás alumnos dijeron al unísono ¡Sí!

Al final, todos aplaudieron, Carlos Ancira invitó a Suárez a tomar un café, y al día siguiente el teatro había sumado un buen actor y la arquitectura había perdido un prospecto. ¿Y la ibérica novia? Jamás se supo nada más de ella.

De inmediato se sumó al llamado “Teatro de tesis”, que era un teatro social y altamente experimental.

Héctor Suárez no es un actor de carácter fácil. Él argumenta que tan sólo es que no es alguien dejado o callado. No tolera ser humillado o abusado; esto le ha ganado la fama de ser conflictivo. Lo cierto es que todos los programas que ha producido y actuado en las últimas décadas, han pisado muchos callos. Como aquel de ¿Qué nos pasa? De 1985, que provocó la ira de Miguel de la Madrid, que ordenó fuese sacado del aire.

Pero Héctor Suárez ya sabía lo que era la televisión. Debutó en Variedades de medianoche y Chucherías, con Chucho Salinas y Héctor Lechuga, a mediados de los 60’ cuando la televisión se hacía en vivo, y era todavía en B y N. Ya en 1970 hacía La Cosquilla, junto al argentino Raúl Astor, al que le siguieró Sábado loco, loco, en 1978.

Ya fuera del aire ¿Qué nos pasa?, Suárez fue invitado a un programa maratónico que conducía Verónica Castro (Mala noche, no) y ahí actuó un sketch parodiando al inolvidable Jesús Martínez Rentería, “Palillo”, y en el diálogo se oía: A mí el presidente me cae en la punta del caracol… ¡el presidente de ventas de Salinas y Rocha!

Al día siguiente fue corrido y vetado de Televisa, por “ofender al Presidente”. Tan no se sintió ofendido éste, que lo mandó llamar para ofrecerle espacio en Canal 13 Imevisión, hoy Televisión Azteca, que era del Estado. Ahí empezó el programa “La cosa”en 1997, luego “La otra cosa”, y al vender el Estado la televisora a los Salinas Pliego, el trabajo de Suárez ya no fue visto con agrado, y acabó fuera de esta televisora también.

Regresa a Televisa para retomar ¿Qué nos pasa?, pero ahora menos ácida, menos “yo acuso” y más comedia, y acabó en un programa “chistoso” más.

Si usted cree que Héctor Suárez en cine es nada más Tránsito López, (a) El Mil usos, está equivocado. También en cine Héctor Suárez ha estado comprometido con la denuncia social. Primero fue con Gustavo Alatriste, con las películas: México, México, rá, rá, rá, de 1976, En la cuerda del hambre, de 1979 y La grilla, de 1980. Ya luego vendrían El Mil usos, de 1981 y El Mil usos II, de 1984.

Héctor Suárez llevaba ya una meteórica carrera a la fama, casi tan vertiginosa como su caída en el alcoholismo. Como presumía de poder controlarse y no tomar ni una gota los días que tenía función, esperaba las noches, una vez terminara su trabajo, y entonces daba rienda suelta al vicio, amparado en la

solapadora frase: El placer del deber cumplido.

El colmo vino un día que, habiendo regresado de Argentina, tenía que dar cuentas del proyecto que la televisora (Televisa) les había encomendado al actor y al productor Raúl Astor. Fue tal la cruda, que el propio Miguel Alemán, por entonces socio de la empresa, le ofreció un vaso de vodka que el actor bebió como agua.

Esa tarde prefirió caminar a su casa, y al pasar por una sede de AA, entró para recibir, según sus palabras, el más infamante de los aplausos.

Luego de los testimonios de los alcohólicos presentes, el anfitrión le convenció de quedarse por ayuda con estas palabras:

–Si quieres irte, ahí está la puerta; pero recuerda: tu alcoholismo no es el mío, tu familia no es la mía… y tu tumba, no es la mía.

Hoy Héctor Suárez a sus 80 años libra una batalla contra el cáncer de vejiga que, esperamos todos, pueda vencer y salir adelante.

Jesús Consuelo Tamayo

Estudió la carrera de música en el Conservatorio Las Rosas, en Morelia. Ejerce la docencia desde 1980 Dirigió el Coro de Cámara Aguascalientes desde 1982, hasta su disolución, el año 2003. Fue Coordinador de la Escuela Profesional Vespertina, del Centro de Estudios musicales Manuel M. Ponce de 1988 a 1990. Ha compuesto piezas musicales, y realizado innumerables arreglos corales e instrumentales. Ha escrito los siguientes libros: Reflejos, poesía (2000); Poesía Concertante, (2001); Guillotinas, poesía (2002); A lápiz, poesía (2004); Renuevos de sombra, poesía (inédito); Detective por error y otro cuentos (2005); Más cuentos (inédito); Bernardo a través del espejo, teatro (2006); Tarde de toros, poesía (2013).

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