NACIONAL

¿Está derrotada la sociedad en el cuidado de la vida?

En estos tiempos cuando más que nunca antes es una plena realidad la llamada “aldea global” (McLuhan), el drama de los hechos distantes en tiempo, geografía y cultura nos alcanza y nos envuelve como si los protagonistas fuesen los vecinos de al lado, los amigos de la infancia o incluso nuestros parientes.

Pero es un relampagueo, pues la cotidianeidad nos ha endurecido el corazón, enfriado los sentimientos, paralizado los músculos, atrofiado nuestra capacidad de reaccionar y actuar. Cuando mucho nos emocionamos apenas por un momento, el suficiente para soltar una frase como acuse de recibo, pero sin llegar a conmovernos; la indiferencia es la misma hacia el próximo que hacia el lejano, quizá porque no nos damos el tiempo, o porque el tiempo con su tiranía nos pone de inmediato frente a otro drama en una interminable sucesión de acontecimientos que de inmediato quedan reducidos a una simple anécdota.

De manera que el impacto de los hechos es superficial y se va súbito como llega, y no nos deja huella ni provoca consecuencias en nuestro actuar ni en nuestro verdadero entorno físico. A la mañana siguiente apenas si tendremos un remoto recuerdo, como si de un mal sueño se hubiese tratado.

una, ingiriendo gasolina y echándose un cerillo por la boca, la segunda tragando ácido para destrozarse las entrañas tras agredir a su exesposa e hija en plena Plaza Principal. Click To Tweet

De los innumerables y lamentables suicidios registrados en Aguascalientes a últimas fechas, dos han llamado particularmente la atención por la fiereza con que las personas se arrancaron la existencia: una, ingiriendo gasolina y echándose un cerillo por la boca, la segunda tragando ácido para destrozarse las entrañas tras agredir a su exesposa e hija en plena Plaza Principal.

Y aquí a la vuelta, en Holanda, una joven de 17 años llamada Noa Pothoven decide abandonar la vida. Las informaciones al respecto son confusas (que es tema aparte, por cierto), puesto que los medios primero hablaron de eutanasia, y luego surgieron algunas versiones que refieren suicidio: que la chica se dejó morir de inanición, después de vivir un infierno de 6 años, tras haber sido víctima de abusos sexuales (a los 11 y 12 años) y de violación (a los 14).

Es un caso que está hoy en el centro del debate, y que pone también el foco en el tema siempre polémico de la eutanasia. Y, como quiera que sea, resultado de la voluntad personal de la chica.

En evidente referencia, aunque no explícita, el propio Papa Francisco tuiteó: “La eutanasia y el suicidio asistido son una derrota para todos. La respuesta que hemos de dar es no abandonar nunca a quien sufre, no rendirnos, sino cuidar y amar a las personas para devolverles la esperanza”.

En efecto, la sociedad, el mundo es derrotado cada vez que alguien muere por “causas no naturales”, es decir, aquellas que tienen qué ver con violencia de cualquier tipo: sea un “accidente” vial, una agresión o una congestión alcohólica.

Al margen de consideraciones teológicas o morales (que, sabiamente, ni siquiera el Pontífice alude), y sin involucrarnos por ahora en el tema del derecho que puede tenerse a decidir sobre la propia existencia, estamos frente a un problema de absoluta deshumanización. Y no solamente al momento de dejar o facilitar que alguien, en el extremo de la angustia y el total vacío existencial, se suicide, ya sea directamente o de “manera asistida”…

Algo crucial está sucediendo en la sociedad moderna, una sociedad que es altamente eficiente para producir mercancías, riquezas y tecnologías, y al mismo tiempo es altamente eficiente para generar violencia física, social, emocional, psicológica…

Algo (¿cruel, perverso, absurdo?) le ocurre a esta sociedad líquida, que es capaz de llorar hasta el cansancio por la muerte de un gato, inundar las redes y las calles para protestar por el ataque a un perro, mientras asesina masiva y cotidianamente a sus semejantes mediante guerras, o de hambre, de exclusión, de discriminación, por acoso económico… en cualquier lugar del planeta y a toda hora.

El hombre ha ganado y mucho en bienestar y confort material, aunque ni eso es generalizado pues sólo alcanza una porción de la humanidad, pero (y en esto sí toca a todos o casi todos) ha perdido miserablemente su alma, su sentido humano de la vida, ya no digamos el sentido espiritual de la vida.

Por eso no únicamente es cuestión de asomarnos y asombrarnos del violento y voluntario final de una persona (suicidio, eutanasia, muerte asistida), sino preocuparnos desde el principio y a lo largo de la vida para ser solidarios con los demás; solícitos en cada circunstancia en el día a día…

Nos está faltando esa tríada de valores tan sencillos, y hasta simples, que según Savater conforman la ética: coraje para vivir, generosidad para convivir, prudencia para sobrevivir. Estamos en una sociedad abúlica que se ha dado por vencida, que es egoísta y temeraria; irresponsable y suicida…. Pero muy amante de los animales, cómo no, como si los animales nos necesitaran para sobrevivir.

En cambio, bien podemos preguntar dónde estaban o qué hicieron los padres, los maestros o los amigos de Noa; dónde estaban o qué hicieron los padres, los maestros o los amigos de las supuestas víctimas de Nasson y de otros como él…

¿Por qué todo esto fue posible; por qué nunca las cuidaron; por qué las dejaron solas cuando más necesitaban cuidado y amor? ¿Por qué esto sigue ocurriendo? ¿Y el Estado?

En este momento es difícil que las víctimas encuentren razón para vivir si ya les hicieron pedazos su alma al agredir brutalmente su cuerpo, al mutilar su paz, al aniquilar su alegría, al destrozar su inocencia… Y ahí el trabajo de toda la sociedad para cuidarlas, amarlas, devolverles la esperanza.

Por otra parte, es demasiado el bombardeo de noticias (malas todas ellas, si no, ¡no son noticia!); desinformaciones, engaños, medias mentiras y medias verdades, sin saber bien a bien de qué se trata o porqué tal o cual situación o las razones de esta o aquella tragedia… La ausencia de ética y profesionalismo, la traición al ejercicio periodístico cuya esencia es buscar y develar la verdad, son hoy la constante, porque así lo permite el propio consumidor de “información”.

Junto a ello, es tanta la carga, son tantos los problemas y tanta la angustia para muchas personas (¿la mayoría, todas?), en su cotidiano vivir, en su diario luchar para sobrevivir sin volverse locas, que tal vez por ello prefieren evadir los problemas de otros, que son vistos como una anécdota más. Incluso ante la conciencia o la suposición de que nada pueden hacer…

Podremos lamentar y llorar y reprocharnos por los que quieren morir; pero igual o más importante es que reflexionemos y actuemos por los que quieren y merecen vivir, empezando por nosotros mismos. En la inteligencia de que nosotros somos todos, el prójimo y yo y los demás, estén lejos o cercanos.

¿Tendremos remedio como género humano, como sociedad?

Necesitamos recuperar el alma de la vida. En ello nos estamos jugando la existencia.

Comenzar por la propia familia es el mejor primer paso. Me lo digo a mí.

Javier García Zapata

Docente y periodista. Maestría en Educación y Neurocognición. Licenciatura en Periodismo. Estudios en Letras Hispánicas.

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