NACIONAL

De guerras comerciales, Trump y Pemex

En estos días ha habido un gran revuelo debido al anuncio de imposición de aranceles por parte de E.U.A. hacia México como consecuencia si México no modifica su política migratoria (respecto a Centroamérica). Más allá de si uno está de acuerdo, o es partidario, del presente gobierno o no, esta situación tiene una serie de implicaciones muy importantes para la economía.

¿Qué es un guerra comercial? Simplemente es una competencia entre dos o más países, o regiones incluso, que busca desestabilizar o afectar la economía del otro por diferentes razones, la forma más común de hacerlo es imponerle aranceles a los productos del otro. A diferencia de otro tipo de guerras, aquí no hay ganadores, generalmente lo único que se logra es destruir la economía o afectarla en ambos lados.

Esto es relevante porque EUA viene saliendo de una con China y sumado a que en EUA vienen tiempos electorales, Trump ha volteado hacia México para obtener votos con los temas que ya conocemos.

Los aranceles que se le impondrían a México en dado caso que no se llegará a un acuerdo de política migratoria sí afectaría a los mismos estadounidenses porque implican un aumento en el precio, pero también vuelve menos competitivos los productos mexicanos que se exportan hacia allá respecto a los productos estadounidenses o de otras nacionalidades, esto se vuelve muy peligroso para la economía mexicana porque se dependen de esas exportaciones y en un clima de muy probable recesión puede tener un efecto mucho más negativo que el esperado.

La pregunta que muchos se hacen es qué puede hacer México ante esta situación. Si Mexico cede tanto y tan rápido como se está viendo, más allá de volverse en justo lo que se criticaba de la política migratoria estadounidense y criminalizar a los migrantes centroamericanos, le estaría probando a la administración estadounidense que estamos dispuestos a ceder en lo que sea, como dice el dicho, el que cede a un chantaje, cede a todos. Entonces las exigencias nunca pararán y aumentarán cada vez más.

En mi opinión, que también es, por cierto, la de varios economistas en el gobierno actual, México debería responder a los aranceles con lo que se conoce como carrusel. Este instrumento consiste, de forma muy general, en seleccionar una serie de productos que el otro país exporta hacia el nuestro y de forma sorpresiva se le impone un arancel a uno de ellos, después de cierto tiempo, se le quita el arancel a ese producto y se le impone a otro y asi sucesivamente; esto impide que los exportadores extranjeros tengan tiempo de ajustarse a los aranceles además de que otros exportadores sean incapaces de prepararse puesto que no saben si se les impondrá un arancel o cuándo se lo impondrían. Este instrumento suele ser muy efectivo además de poderoso. Y es justo lo que temen en estados que dependen de las exportaciones hacia México, como Texas.

De cualquier forma, la solución no es sencilla más que este problema llega en el peor momento posible para México.

Esta probable guerra comercial coincide con la baja de calificación de Pemex por parte de Fitch, lo cual era previsible porque por más que hagan la refinería persisten sus mismos problemas de siempre y no parece que a nadie le importe solucionarlos más allá de la retórica. Qué significa que Pemex tenga grado especulativo, significa que por contrato muchas casas de inversión para proteger a sus inversionistas están obligadas a comprar instrumentos a  empresas a partir de cierta calificación, lo cual implica no solamente que será difícil la compra de bonos de Pemex sino que los tenedores de bonos tendrán que venderlos lo cual obliga a Pemex a contraer deuda mucho más cara para sostenerse y se inserta en un círculo vicioso. Esta situación se combina con la guerra comercial que se avecina, puede pasar de ser un problema serio pero controlable a uno de magnitudes enorme si el gobierno prosigue con sus políticas económicas y de gasto actuales.

Muchos, principalmente los críticos más visible de López Obrador, pronostican poco menos que el apocalipsis, yo en lo particular no soy tan pesimista ni creo que pase algo de esa magnitud,  pero no implica que no considere que el problema sea serio y que si se le deja crecer pueda volverse una crisis grande. Este gobierno, por lo visto, aprenderá por la mala que la inacción y la evasión de la confrontación por la razón que sea puede ser todavía peor que tomar acciones  contundentes o como decía Maquiavelo, que las guerras no se evitan únicamente se posponen
y siempre en perjuicio propio.

Originalmente escribí este texto un par de horas antes del resultado de las negociaciones (este  párrafo lo he agregado ya conociendo los resultados) pero lo que he escrito se mantiene. Si bien es un éxito que no haya guerra comercial, lo cual es evidente que no le conviene a nadie, yo sería prudente en cuanto a si esto es una victoria del tamaño que los partidarios del  gobierno actual celebran; primero, porque hay que ver el costo de haber evitado esos aranceles  como escribí en párrafos más arriba sobre la modificación de la política migratoria y el hecho de haber cedido tanto y tan rápido con un gobierno norteamericano como el actual, ya que ahora ellos saben perfectamente cual es la amenaza perfecta para que cedamos en lo que a ellos se  les ocurra pero también en que esta victoria le sirve mucho a Trump para su reelección; segundo, porque todavía no sabemos en qué más cedió el gobierno mexicano, Trump mencionó acuerdos en temas agropecuarios. Además de que falta ver lo que suceda en la frontera sur, que no parece positivo.

En suma, que aunque esto se puede considerar al menos hasta este momento como un éxito, no hay que perder de vista lo demás que se ha mencionado, porque vienen tiempos difíciles para la economía mexicana y ahora nos toca cumplir con la parte del acuerdo con Estados
Unidos lo cual será muy duro y también difícil.

Francisco Roig Martínez

Economista, opinador y sibarita profesional.

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