AGUASCALIENTES

GIRA CIUDADADANA DE SUPERVISIÓN

Hace unos días vi la noticia de que la encargada de la Presidencia Municipal de Aguascalientes había hecho una gira de supervisión por “toda” la ciudad capital. Para no ser menos decidí hacer mi propia gira con las limitaciones propias de tiempo y transporte, sin chamarra fosforescente ni casco, sin séquito, sin mas reporte mediático que el que me permite este generoso espacio semanal, pero con la mejor intención de apuntar algunos aspectos menores, que aparentemente pasan inadvertidos para los funcionarios, pero que los transeúntes presenciamos a diario.

Salí por la puerta grande de Palacio Municipal, no a hombros por supuesto, pero pisando fuerte como torero triunfador. Como de costumbre había una nutrida concurrencia, entre periodistas, líderes populares, gestores, vendedores, oportunistas, ciudadanos en busca de cumplir sus obligaciones, policías secretos, policías no tan secretos, madrinas, orejas y uno que otro despistado.

Además de la selecta concurrencia lo primero que se aprecia es un cierto descuido en la barda perimetral con bancas y todo que rodea los jardines de la Plaza de Armas, faltan dos que tres placas de cantera, sobra mugre y sobre todo sobran los humores de miados reconcentrados. No sólo de humanos sino también de gatos, que viven en la Plaza, una verdadera manada, que, sólo es apreciable por la noche, como sucede con los indigentes y vagos, que viven en el primer cuadro, y de los que no se ha enterado la Presidencia Municipal, no obstante los repetidos llamamientos que por los programas noticiosos radiofónicos he formulado.

En la noche hay mas, pero a media mañana se pueden ver las pertenencias de uno de los inquilinos frente al Teatro Morelos, ocupando un rincón de Catedral, un montón de cajas y bolsas. En las puertas del Teatro, no obstante ser de día, dos de los inquilinos aún duermen. Otra está lavando su ropa en la fuente del cuadrángulo dedicado a Jesús Contreras. A un costado de Palacio de Gobierno, los puestos de comida se multiplican, desde el influyente que vende fruta y que ahora tiene instalaciones permanentes, hasta puestos de atole, tamales, gordas, empanadas, etc., etc, que compiten ventajosamente con los de los mercados que tienen que soportar esta competencia desleal y desde luego irreglamentaria.

A poco de salir del Palacio Rosa, dos bicicletudos estuvieron a punto de atropellarme, circulando sobre la Plaza como si fuera una calle, Esquivé al primero, pero el segundo que venía en el otro sentido me pasó rozando. Cualquiera puede apreciar, quiero decir casi cualquiera porque los policías de tránsito no los ven y las autoridades superiores, menos, como pululan los ciclistas sobre las banquetas, en sentido contrario, ocupan sus carriles y ocupan todo, se atraviesan, suben y bajan de banquetas, cruzan entre vehículos no respetan señales ni semáforos. Estoy seguro que la encargada de la Presidencia debe haber notado todo esto que señalo, y si acaso lo menciono es por si le pasó por alto. En la calle Madero las macetas que administraciones pasadas colocaron ahora son basureros, mas difíciles de limpiar, pero al menos cumplen una función.

Los que eran registros en las banquetas de un sistema de telefonía, se rompieron o nunca se colocaron, ahora son trampas que esperan a un peatón descuidado. Algún acomedido ha rellenado dos o tres trincheras de esas, con tierra, pero siguen siendo un riesgo.

En toda la ciudad las trampas en las banquetas se suceden, puestos de toda naturaleza, armazones de garrafones de agua, arpillas y cajas, extensiones de las tiendas, comederos de todo tipo, algunos que aprovechan el equipamiento urbano, otros que se adueñan de calles o banquetas para sus negocios, y que con autorización o con disimulo, la autoridad permite en detrimento del orden, la circulación, la seguridad, la comodidad y la naturaleza del equipamiento urbano. Por cierto, quien sabe si lo hayan visto los inspectores que impidieron a unos indígenas las ventas de sus artesanías, porque esos sí no tenían permiso, aunque ni ensuciaban ni daban mal aspecto, quien sabe si hayan visto que aprovechando un poste del ayuntamiento frente a la librería del FCE, un bufete de abogados colocó un anuncio. ¡Sí! En el primer cuadro y aprovechando el equipamiento urbano. Corrijo, no abogados, comerciantes del derecho.

Siguen las trampas, lo que fueron arriates para un proyecto interesante de arborización de las calles de la ciudad, lo que desde luego ayudaba a mitigar los calores, que ahora estamos reviviendo, se han ido convirtiendo bajo la vista gorda de las autoridades de mercados, reglamentos, o la que corresponda, en basureros, troncones, o tapones. Los comerciantes, especialmente, han tirado los árboles para que no les afeen (¡gulp!) sus fachadas, para no tener que barrer las hojas, en fin porque no les gustaban, Nadie dijo nada, quedaron los hoyancos y los troncones.

Sigo mi gira de supervisión rumbo a los mercados, circular por la calle Juárez, que debía ser una calle peatonal, ahora convertida en un zoco, algo así como el pasaje Ortega, lleno de puestos, fijos, semifijos, merolicos, músicos, predicadores, corrales, verjas, áreas exclusivas, ¡eso sí! con permiso de Mercados, al menos eso dicen, El Parián gracias a la voracidad de sus condominos o administradores, se ha llenado de puestos en los andadores, todos también con autorización de las autoridades, en detrimento de la circulación de los viandantes y de su seguridad.

La calle Juárez es una calamidad, la insalubridad, la invasión de las áreas de circulación de vehículos y peatones. Los depósitos de basura merecen mención especial. A donde usted vaya, cualquier depósito de basura es insuficiente, insalubre e impráctico. Los pepenadores se encargan, pobres, de buscar su sustento pero de esparcir la basura sin orden y sin control. Las miasmas marcan las áreas de los contenedores, nunca suficientemente limpiados, menos desinfectados.

Por fin, llego al Mercado Grande, al Terán, me doy cuenta que el espacio se agota y no he tocado los puntos claves de la administración municipal: los servicios, la seguridad, y fundamentalmente el derecho humano al agua asequible y accesible.

Todos los días aparecen noticias de cosas que hace el Ayuntamiento, pero uno concluye que hace muchas cosas que no le tocan, y las que le tocan, al decir de los usuarios, no se hacen como debieran.

Vaya esta modesta contribución.

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